Hoy está muy pesado. Me refiero al clima. No se desde cuando
se supo que existía la humedad. Y no se hace cuanto se inventó esa famosa frase
sobre el clima que hace referencia a la humedad. Tal vez hayan sido los
habitantes de la Atlántida
quienes inventaron la tan curiosa frase que dice que lo que mata es la humedad.
Si. No creo que hayan sido los de Pompeya, porque no tuvieron tiempo y porque
no fue la humedad la que los mató.
Estaba sumido en esos profundos pensamientos mientras sudaba
a mares, caminando despacio hacia el consultorio de mi psicólogo.
- A quien querés matar? – me preguntó Marcelo, luego de un
corto monólogo sobre Cain y yo. (Aclaro
que somos una misma persona).
- A nadie – Le respondí confuso.
- Y Abel? – Me dijo.
- Abel es solo un símbolo. Un símbolo sobre la desobediencia
-.
El diálogo siguió por derroteros no sospechados.
Cuando salí de allí estaba mas confuso que antes. – Está
bien- me dije. Estoy acostumbrado a la confusión y no me asusta.
Al fin de cuentas somos hijos de esta realidad. Y esta
realidad es solo caos. Pretender ordenarla es algo mas bien utópico. Podemos
hacerlo en cierta medida, pero requiere de un gasto de mucha energía. Pienso en
el principio de entropía y de que el universo se rige por ella.
Asi que en nuestro paso por la vida tendremos que gastar
muchísima energía si queremos que todo sea ordenado y limpio. Si dejamos que
todo siga su curso natural entraremos al caos por la ventana. Asi, todos los
“deberían” o “tendrían que ser” obedecerían mas a la esfera de los deseos que a
otra cosa, pues el caos tiene sus propias caóticas leyes y con tantas y múltiples
variables que nos es imposible manejar a todas.
Tal vez por eso me guste escribir (aunque lo haga sin saber
como se hace). En esto hay cierto orden (aunque a veces no parezca) mientras que
mi vida entera está inmersa en el caos.
Y ahora, a los 47 años de edad, estoy en la tediosa e
imposible tarea de tratar de dar un pequeño orden a las cosas. De ordenar
horarios, de cumplirlos, de clasificar papeles y hacer que las cosas funcionen como la sociedad
lo requiere.
La sociedad. Esa maldita artimaña cuyas leyes siento extrañas
y ridículas.
Esa gran farsa que premia a corruptos y necios, mientras
castiga a honestos y auténticos.
Asi es amigos. Y es que hace falta el engaño para
sobrevivir.
Mientras se expongan tal como son no van a lograr nada.
Y pensando en esto es donde me encuentro con una gran
contradicción. Quisiera que el caos que significa esta vida se lleve todo por
delante. Que el orden que tan artificialmente
los hombres pretenden imponer sea borrado por la naturaleza que fue
sacrificada, violada, violentada.
Y que al final todo esto no sea mas que un cuento.
Un cuento de terror, para niños salvajes.