Transcribo entonces este texto, porque es mas o menos lo que quise decir en el post anterior. Por favor, léanlo.
En estos temas es imprescindible avocarse a la tarea de definir o más bien, de redefinir. Yo les podría dar una definición de política y cada uno que lea puede decir si se acerca o no a la realidad, pero en el universo del discurso al que debemos recurrir para realmente poder llevar a cabo una definición a la interpretación de la realidad a veces da como cierta, por eso no se trata solo de dar una definición y contrastar, definir no es solo eso. Porque cuando hablamos de filosofía, y lamentablemente esto no siempre es tenido lo suficientemente en cuenta, hablamos de un universo del discurso más amplio que lo simplemente contrastable, es decir, de un conjunto de significaciones posibles que poco tienen que ver con el discurso común y corriente o dominante. Porque justamente la tarea de la filosofía debe ser intentar salir del universo del lenguaje de la sociedad para poder crear, construir e imaginar un mundo mejor, en donde la interpretación de la realidad y el uso del lenguaje sea una herramienta liberadora. Este trabajo debe controvertir, debe actuar, debe ser coherente, debe ser conciente y concientizar de las posibilidades, y es en este punto donde uno más se sale del universo del discurso establecido.
Avancemos, hablamos de política, queremos definir política, queremos saber qué carajo tiene que ver la política con la filosofía. Viene a correlato los comentarios que hacía antes sobre el universo del discurso, cuando vivimos en una sociedad compleja y auto-fagocitaria, el universo del discurso es una de las primeras victimas, afectando por ende a las ciencias y a los diferentes niveles de pensamiento. Entonces, cuando estamos en este panorama, necesitamos salir. Uno podría encontrar razones para salir de ese medio, ¿pero tiene sentido intentar salir del universo del discurso si sus herramientas (el discurso establecido) son las mismas que desea combatir? El discurso, el habla, el diálogo, el lenguaje, es nuestra forma de pensar, divulgar, aprender. Y si justo lo que queremos cambiar son las pautas dominantes de nuestras formas de pensar, divulgar, aprender, sería borracho y enfermo hacerlo con las mismas pautas dominantes, estaríamos en un vorágine viciosa de esas en las que algunos filósofos adoran estar. uno podría buscar razones para salir… pero no sería bueno empezar por la razón de que “necesitamos cambiarlo”. Y esto se funda en que lo dominante no es lo único que hay, en que el hombre tiene su propia percepción y es crítico ante todo. Por más alienada que pueda ser nuestra sociedad, esta capacidad no se pierde, y si uno ve la necesidad de que hay que algo está mal es prueba de que aún tenemos esa percepción y ya tenemos una razón para cambiar eso que está mal. En nuestro objeto de estudio, buscar razones para salir debe partir de la razón primordial e ideal de la necesidad, y debe ser conciente de que lo que realiza no es aplicar los discursos dominantes sobre ellos mismos, sino que también requiere de la política, la política basada en esta gran razón, “la necesidad”, la política que nosotros podemos aplicar en nuestro pensamiento y decidir que emprendemos el arduo camino de caminar por terrenos del discurso poco estudiados, olvidados, derrotados, tergiversados, nuevos.
¿Por qué decimos política? Definámosla entonces. “Política” según el diccionario de
Cuando redefinimos empezamos a abarcar las posibilidades y en eso se funda nuestra intención de redefinir, tener en cuenta las posibilidades, todo aquello que no es tenido en cuenta, que no está en el paradigma, pero que sí hace a la esencia de las cosas y que no puede ser obviado cuando uno define, es decir, cuando uno intenta describir la naturaleza o la esencia del objeto. Para eso también hay que redefinir realidad, hay que redefinir identidad, hay que redefinir “ser”, porque el ser es lo que es y lo que no es. Y estoy diciendo una contradicción casi, pero porque estoy definiendo usando el universo del discurso establecido, lo que es casi necesariamente una contradicción. Ser es tanto la función y composición del objeto en el momento, como es también lo que puede ser el objeto. Podemos resumir que redefinir consta de definir claramente lo que haga falta y llamar a las cosas por su nombre. La tarea está también en poder delimitar las posibilidades, sino sería tan viciosos como intentar redefinir con el universo del discurso establecido, pero escapa a lo que nos convoca este artículo).
Compartiré algunas citas para mejorar este desarrollo:
“El universo real del lenguaje común es el de la lucha por la existencia. Es en realidad un universo vago, oscuro, ambiguo, y desde luego que necesita ser clarificado. Más aún, tal clarificación puede cubrir una función terapéutica, y si la filosofía llega a ser terapéutica habrá llegado a su propio terreno.
La filosofía se acerca a esta meta en la medida en que libera al pensamiento de la esclavización por parte del universo establecido del discurso y la conducta, demuestra la negatividad del sistema establecido (sus aspectos positivos reciben abundante publicidad en cualquier forma) y proyecta alternativas. Sin duda, la filosofía contradice y proyecta sólo en el pensamiento. Es ideología, y este carácter ideológico es el destino mismo de la filosofía, un destino que ningún cientificismo ni positivismo pueden superar. Sin embargo, su esfuerzo ideológico puede ser verdaderamente terapéutico, puede mostrar la realidad como aquello que realmente es y mostrar aquello que la realidad evita que sea.
En la era totalitaria, la tarea terapéutica de la filosofía sería una tarea política, puesto que el universo establecido de lenguaje común tiende a coagularse en un universo totalmente manipulado y adoctrinado. Entonces, la política aparecería en la filosofía, no como una disciplina especial o un objeto de análisis, ni como una filosofía política especial, sino como el intento de sus conceptos por comprender la realidad sin mutilarla. Si el análisis lingüístico no contribuye a tal comprensión; si, en vez de eso, contribuye a cerrar el pensamiento en el círculo del universo mutilado del discurso común, es, en su punto más alto, del todo inconsecuente. Y, en su punto más bajo, una huida hacia lo que no es controvertible, lo irreal, hacia aquello que sólo académicamente es objeto de controversia.”
Esta cita, creo, es brillante. Si uno se plantea algunas cuestiones, se da cuenta que es inconcebible las contradicciones que se dan en cuanto a que los principios a los que damos importancia no hacen a lo que realmente busca. Los principios deben ser la función que se quiere cumplir. Entonces basémonos en que nuestra función es clarificar, si la función es esa, no tiene sentido abocarnos en aquellas cuestiones establecidas del discurso, ya que eso está claro y encima no lo queremos. Y si queremos clarificar es para mejorar las cosas, cambiar las cosas. Nuestra función es controvertir, indagar en aquello que lo dominante hace desaparecer, es inconcebible que nuestra tarea no se centre en eso y se centre en lo contrario, los hechos “empíricos”, los que queremos cambiar, no podemos cambiar algo con la única herramienta de lo mismo que tenemos, es casi tan premisa como que no se puede definir algo por sí mismo. Seguir cometiendo ese error es “huir hacia aquello que sólo académicamente es objeto de controversia”,
